miércoles, 28 de marzo de 2012

Camastro

Jugaban en la cama hasta que el mediodía los interrumpiera.
Solían soñar despiertos; se imaginaban arrugados haciendo exactamente lo mismo, haciendo todo y haciendo nada.
Tenían un club secreto que constaba de una sábana que los cubría por entero. Allí sentían los hormigueos, se reían por horas (aunque a veces lloraban), se besaban y acariciaban.
Hoy, ella está sola y en la misma cama. Desvaría acerca el presente. Cegada por un futuro funesto.
La sábana ahora raída la cubre de la oscuridad y sus miedos.

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