Hay
veces en que sólo quiero abrazarte como si nada más importara. Pero al
concretarlo esa sensación de concordia es tan desabrida. Y me hostigas. Todo
empieza mal para empeorar, luego estar bien y volver a estar mal. Es un ciclo
constante y molesto. Tú eres molesto, pero porque yo soy molesta.
Lo
trágico es que todo este preámbulo se me hace tan necesario. Tanto como levantarme en las mañanas y mirar
con los ojos entreabiertos a través de la cortina. No sé si es producto de
agotadoras reflexiones consiguientes del fracaso retrospectivo o el autoboicoteo de una desahuciada entusiasta. Pero si me preguntas cómo me siento, no
sabría que decirte, es mucho más fácil sonreír y permanecer en silencio.
